Hegemonía
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Aparece hoy la 102ª. edición de nuestra Revista Hegemonía y llega con la exposición ordenada de los síntomas de un fin de ciclo muy peligroso. Una revolución tecnológica con la que las élites globales pretenden enviar a la humanidad al descarte y los tambores de guerra son algunos de estos síntomas.

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Entre una inteligencia artificial que ya está en condiciones tomar decisiones tanto en la producción como en el campo de batalla y los innumerables focos de conflicto bélico que se abren en todas partes está el hombre en uno de los momentos más tensos de su existencia.

En el mundo hay un incendio generalizado que anuncia el fin del ciclo de Bretton Woods, fundado este sobre los escombros de la II Guerra Mundial. La incógnita es si de este fuego resultará un nuevo día para la humanidad o la imposición de la distopía deseada por el 0,01% más poderoso.

Todas las hipótesis sobre lo que ocurre y también sobre lo que puede ser están en esta edición de Hegemonía.

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Hegemonía llega diciendo lo que algunos saben, pero no se animan a decir. Seguimos con nuestro modesto aporte al desafío trascendental de romper el blindaje de los medios de difusión corruptos.

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En Brasil hay gente que entiende este asunto de las apuestas en línea mucho más allá de la especulación electoral y sabe explicar muy bien de qué se trata.

Vale la pena cada segundo de esta explicación.

El amigo Antonio Costa es un teólogo y su bondad no le permite decirlo abiertamente, pero cuando habla del canalla extranjero que embolsa el dinero de las apuestas él está hablando del que ya sabemos.

Sí, el canalla es ese mismo, es el que está detrás de todas las cosas puercas habidas en el mundo.

Dios no quiere cosas puercas.
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La cuestión es que no hay forma, no importa la opinión de las mayorías ni importa el sentido común. El sistema está establecido de una manera tal que los planes de recolonización por parte de quienes no podemos ni siquiera nombrar avanzan sin oposición.

Dentro del sistema no importa nada, ya está todo dicho. Ellos controlan el sistema empezando por el poder judicial y continuando por los dirigentes políticos. El sistema siempre va a darles la razón y ellos van a seguir avanzando aunque por momentos parezca que retroceden.

No retroceden ni se detienen. Cada revés aparente que tienen es solo una zanahoria atada a un palo para que sigamos creyendo en el sistema, para que sigamos pensando que dentro del sistema las mayorías vamos a poder frenarlos. Es una ilusión.

La única forma de frenarlos a estos innombrables es volteando el sistema con una revolución nacional justicialista como la de 1943. Pero lamentablemente ellos también han adiestrado a los militares para la sumisión y el cipayismo. Lo hicieron por izquierda y lo lograron.

Estamos más en bolas que Tarzán.
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En estos días el régimen israelí intentó llevar a cabo un atentado de falsa bandera con un avión contra Tel Aviv, tal vez algo similar a lo que ya habían hecho en Nueva York a principios de este siglo para engrupir a la opinión pública en los Estados Unidos y que esta aceptara sin retobarse la ridícula intervención de Washington en Irak y Afganistán.

Los israelíes son maestros en este tipo de operaciones, acá nomás por ejemplo se mandaron dos, después de las que lograron penetrar en la política argentina y esclavizar al establishment vernáculo. Funcionó como magia porque hoy no hay un solo dirigente acá que no labure directa o indirectamente para Tel Aviv.

Entonces quisieron hacer uno de estos y al parecer algo no salió de acuerdo a lo esperado o quizá alguno de los implicados haya faltado al ensayo. No importa. Lo único que importa es que Israel está buscando un atentado de falsa bandera porque su relato se cae, lo de Irán no sale y algo hay que hacer.

Pero sorpresivamente esta vez nadie compró. Los agentes a sueldo de Tel Aviv por todo el mundo —los de derecha y los de izquierda, acá los han activado a todos sin preocuparse por disimular mucho— salieron a instalar el relato, pero terminaron hablando solos porque nadie les creyó.

Ya nadie les cree a los israelíes y eso es bueno. Si el actual nivel de conciencia respecto a los bolazos de los israelíes hubiese existido en los años 1990 ninguna de las actuales desgracias habría tenido lugar. Tardamos un poco, aunque al fin parece que estamos aprendiendo a no comprar pescado podrido del Mossad.

Alguna esperanza hay en los anticuerpos. No es mucha, pero la hay.
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Este es el temor por el que nuestros dirigentes claudicaron y aceptaron el rol de administradores neocoloniales: al ver que lo de Cerimedo al destaparse iba a implicar la red de narcotráfico yanquisionista regenteada por la DEA, Washington acusó al fiscal del caso de ser narco —hizo la proyección es tan característica de los innombrables— y directamente chupó al fiscal.

Así es, los yanquisionistas lo secuestraron. Y además mandaron a ocupar con la cana todas las fiscalías del país. Ahora van a prender fuego todo el archivo, van a desaparecer las evidencias que iban a complicar a la DEA con la merca y aquí no pasó nada.

Decíamos precisamente eso, que nuestros dirigentes claudicaron al ver que el yanquisionismo ya no iba a permitir que nadie se saque los pies del plato en el continente. Para no terminar como el fiscal boliviano Roger Mariaca, nuestros dirigentes entonces claudicaron. Todos se sacaron la fotito con la generala Laura Richardson y allí quedó sellado el pacto neocolonial.

Todos, eh. Richardson vino y se sacó la fotito con todos. Sí, con todos, todas y “todes” también.

Esto no es para que Ud. se ponga triste ni para que se ponga contento, no es “derrotismo” como decía algún pavo por allí ni nada de eso. Es para que Ud. entienda por qué no tiene representantes en la política y por qué la política, en consecuencia, ahora todo lo que hace es contra Ud.

Ni triste ni contento, pero tampoco tan cornudo a punto de seguir creyendo en el sistema.
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Todo lo que está pasando en Francia hoy es consecuencia directa de la insubordinación fundante en naciones como Burkina Faso. Al perder el control sobre sus colonias, lo que Francia pierde es la riqueza sobre la que se sustentaba su estatus de país privilegiado.

Lo decimos aquí hace años y nada cambió desde entonces: Europa está condenada y va derecho a la desintegración porque siempre fue una región adicta al colonialismo y al imperialismo, no puede ser sin eso. Al no tener ya los beneficios del colonialismo y del imperialismo, Europa se hunde.

Salud por el pueblo-nación burkinés y los demás pueblos-nación que antes estaban sometidos en África por Francia y que, al liberarse, le brindan a todo el mundo este enorme servicio que es el quitarle la careta al ladrón.

Europa delenda est.
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Más temprano hablábamos aquí de la revolución nacional justicialista en Burkina Faso y de cómo esa insubordinación fundante está impactando en la debacle de Francia y de Europa como un todo.

Aquí volvemos a presentar este minidocumental de poco más de ocho minutos sobre la revolución burkinesa con el capitán Ibrahim Traoré, ese Perón africano, a la cabeza.

El material es oro puro, es de colección. Lo hicimos hace casi dos años y sigue vigente para comprender de qué se trata. Y está brillantemente narrado por nuestro amigo Guido García.

Pedimos ayuda con la difusión compartiendo aquí esta publicación para que más gente acceda a la conciencia. Nuestro canal no está monetizado, todo lo hacemos para que la verdad se sepa: la verdad que los medios del poder ocultan.

https://youtu.be/M8g2xdyr1T8
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Un cambio de gobierno. A cada individuo consultado en la marcha por la industria nacional sobre cuál es la solución para el problema actual se le ocurre siempre la misma respuesta: un cambio de gobierno.

No hay duda alguna de que el régimen de Milei es el mal absoluto y tiene que terminar lo más pronto posible, pero la solución al problema argentino no es tan sencilla. Solo con echar a Milei no alcanza.

El problema argentino es una dominación neocolonial en la que acuerdan todos los dirigentes del establishment, los diestros, los zurdos y también los que no son ni chicha ni limonada simulando ser de centro.

De modo que echando a Milei lo único que se logra es instalar a otro dirigente del establishment que funcionará también en el tongo de la recolonización.

La solución al problema argentino es una segunda independencia, una que sea definitiva. Pero para eso vamos a necesitar otra clase dirigente.

Y el asunto es de dónde la sacamos, aunque eso es harina de otro costal. Todavía tenemos que llegar a la conclusión de que con un cambio de gobierno no vamos a resolver problema alguno. Acá hay que cambiar el orden liberal de base.

Sin una revolución nacional justicialista no se resuelve el problema, solo se lo mitiga temporalmente y se lo posterga. Es pan para hoy y hambre para mañana. Como siempre.

La democracia liberal es una quimera.
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Estamos observando de cerca las elecciones en Brasil para lanzar la nueva edición de nuestra Revista Hegemonía, aunque no por el lado de los resultados. Los candidatos son las alternativas del sistema y el resultado es, por lo tanto, anecdótico. Con el proyecto político liberal fijo, la diferencia aquí es discursiva entre un supuesto progresismo y un conservadurismo simulado para llevarle la contra a dicho progresismo.

Pero los brasileros se están tomando muy en serio todo a punto de haber enfrentamientos en las calles y mucha mala sangre. La cosa se trata como una cuestión de vida o muerte por ambos bandos y, cuando esto ocurre, muchos normalmente muestran la hilacha.

El que más muestra la hilacha hoy es el lulista, que está desesperado ante la perspectiva de la derrota electoral. El nivel de desprecio presentado por la militancia progresista del lulismo hacia el elector es proverbial, es el comportamiento típico del que se cree poseedor de la verdad revelada y por eso no entiende por qué el electorado se vuelca hacia el otro candidato.

El otro candidato, dicho sea de paso, que es percibido por la militancia progresista como el mal absoluto. Entonces la hilacha se muestra, el militante progresista hoy es puro veneno contra el “pobre de derecha”, el “fascista” que tiene al lado. Es el error del kirchnerismo en el que hoy incurre el lulismo. Calcado.

Allí como aquí no existe el amor por el país, todo es un asunto partisano. Esto es lo que se ve. El trabajador solo es bueno cuando vota a la alternativa del sistema a la que uno adhiere. Si no lo hace, entonces es un “facho”, un “macho”, un “transfóbico”, etc. Entre los de abajo se desconocen por criterios identitarios.

Y así se enajenan las mayorías populares optando por la alternativa más sionista y más cipaya del sistema. ¿Por qué? Porque la otra tampoco representa las demandas populares en términos económicos concretos que son las del interés inmediato del pueblo.

Brasil ha sido tragado por la grieta entre una izquierda talmúdica y una derecha sionista, nada hay por fuera de esto. La tercera posición no existe desde Vargas y en consecuencia quedan las alternativas del sistema que parecen estar en las antípodas la una de la otra, aunque solo se diferencian en términos de moral sexual, racial y religiosa.

Todo los detalles de esta observación —que es bien triste y es una vista previa de lo que va a pasar en Argentina el año que viene— los presentamos en la próxima edición de Hegemonía, la 103ª., dedicada sobre todo a crear conciencia sobre la grieta ideológica que es una trampa en el contexto de un proyecto político liberal fijo.
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Hoy a partir de las 7, en un ratito, vamos a participar nuevamente en Helecho Maldito para conversar con el amigo Ariel Magirena sobre todo lo que realmente importa.

El programa puede verse en YouTube por acá:

https://youtube.com/live/oUrVRA372VM
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Los dirigentes hacen actos rimbombantes por un nuevo 17 de octubre, pero es una simulación. El peronismo no vive en los dirigentes. El peronismo vive en la cultura del pueblo, lo que equivale a decir que políticamente está muerto o mínimamente dormido, en coma.

Lo decía Alberto Buela, un referente para nosotros: “El peronismo murió”. Muchos reaccionaron violentamente contra Buela sin comprenderlo. Buela dice sobre el peronismo exactamente lo que decía Nietzsche sobre Dios. Al decir que Dios había muerto, Nietzsche señalaba que el hombre lo había matado.

Esto es, que el hombre se había alejado de valores que lo conectaban a Dios. Nuestros dirigentes hoy, al renegar de los valores que los conectaban a Perón lo que hicieron fue eso mismo, matar a Perón en la política, puesto que la política la hacen los dirigentes.

Y si los dirigentes hacen una política sin los valores del peronismo, entonces el peronismo murió como expresión política. Este es un simple ejercicio de lógica.

Dios y Perón siguen ahí, por supuesto, vivitos y coleando. No muere el que es inmortal. Pero están muertos para quienes deberían actuar según sus preceptos y por eso Nietzsche y Buela concluyen que están muertos.

Conviene asumir la realidad. Perón existe solo en la cultura de un pueblo que todavía tiene la ilusión de vivir como la gente. Para los dirigentes, que son todos liberales de izquierda o de derecha, Perón es cosa vieja que ya está en el catálogo histórico.

Por eso viva Perón y que se jodan los dirigentes. No quisieron ir ellos a la cabeza e iremos nosotros con la cabeza de ellos, o la bandera de la patria flameará sobre sus ruinas.
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A una semana del ballotage decisivo en Brasil, aparece hoy la 103ª. edición de nuestra Revista Hegemonía con la exposición de la hipótesis del pacto hegemónico de los dirigentes, proyectando este negociado siniestro a la política del gigante sudamericano.

Ud. puede ver esta 103ª. edición aquí:
https://revistahegemonia.com/revista-digital/

La observación de la política más allá del discurso ideológico revela que en Brasil tienen un problema muy similar al de Argentina respecto a la praxis de los dirigentes, quienes simulan oponerse y en realidad hacen una especie de disidencia controlada con alternancia pactada alrededor de la imposición de un mismo proyecto político.

Ese es el proyecto liberal, el que no varía con un resultado electoral. El lulismo y el bolsonarismo interpretan los roles ideológicos que son los de un progresismo declamativo de inspiración talmúdica y un conservadurismo también puramente discursivo, este con anclaje en el sionismo. Pero en el fondo, en términos concretos, el resultado siempre es el mismo.

Ahí lo que hay es una interna liberal entre una izquierda y una derecha que ya se han conformado con pelear por las achuras ideológicas en materia de moralidad sexual, racial y religiosa mientras los de afuera —los que no pueden ser nombrados— se llevan la carne.

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No es conspiranoia, es así nomás. Y si Ud. rasca un poco —todo es información pública— se encuentra con que todo lo que existe está directa o indirectamente en manos de 6 familias. De esas familias nada puede decirse porque al poder judicial no le gusta.

BlackRock, State Street y The Vanguard Group se poseen mutuamente entre sí y son todas fachadas de las 6 familias para tener la propiedad de toda la economía mundial. Es un curro que se quiere sofisticado, pero es una pavada similar a una matrioska rusa.

Solo depende de los dirigentes políticos que esto no ocurra, pero los dirigentes políticos, vea Ud. qué picardía, son empleados de las 6 familias.

Sin revolución nacional justicialista no se sale de esto.
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Según nos informa el compatriota que nos envía la imagen esto está al costado de la Ruta Nacional Nº. 22 en las inmediaciones de Cutral Co. El paisaje que generalmente es árido en esta región de la Patagonia ahora se ve así de verde gracias a la abundancia de lluvias.

La meteorología no es lo nuestro ni estamos aquí para comentar el clima. Lo que nos interesa es destruir esa zoncera según la que nuestra Patagonia es un desierto.

No hay ningún desierto. Con tan solo un poco de riego toda esa tierra es productiva. Ni hacen falta sistemas muy complejos de riego como los que requieren los desiertos de Medio Oriente. Esos sí que son desiertos en serio y necesitan ingentes inversiones para sacar de ellos algún tomatito.

El cuento de que nuestra Patagonia es un desierto se reprodujo durante décadas para que no valoremos esa región del país. No quieren que sepamos el valor que tiene esa inmensa extensión de tierra.

Pero nosotros lo sabemos y ahora hay que difundir para que muchos más argentinos lo sepan porque, como se sabe, alguien que entiende de riego está interesado en la tierra.

Ojos bien abiertos. El sector menos productivo de nuestro país es diez veces más productivo que las mejores tierras de arena de ellos.
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Cuando los pueblos están debidamente conducidos por dirigentes que únicamente buscan representar los intereses de la mayoría, lo que no siempre y más bien rara vez ocurre, las categorías están claras y el de a pie entiende la política.

Piénsese, por ejemplo, en los días luminosos del nacional justicialismo entre 1943 y 1955. Todo estaba claro, el trabajador sabía qué y cómo reivindicar. No había un solo argentino que no supiera de qué se trataba. La política no era ningún misterio porque había un conductor hablando claro y educando discursivamente al pueblo. Y entonces el pueblo participaba activamente en la política.

El conductor, dicho sea de paso, solo habla claro cuando lo que dice es la verdad. Cuando la verdad en cambio no puede decirse la conducción habla en categorías que el pueblo no entiende porque esas categorías le son extrínsecas.

En tal caso la política se convierte en un misterio para las mayorías y en un ejercicio de permanente adivinanza para los sobrepolitizados que hacen el comentario de la política tratando de “pegarla”, esto es, de ser el avivado que anticipó lo que iba a pasar.

¿Por qué la conducción no puede decir la verdad? Porque aplica un proyecto político liberal —siempre antipopular— y debe disimular ese hecho. Y entonces aparecen las categorías raras que el pueblo no entiende: las de ese liberalismo por izquierda que es el mal llamado “progresismo”.

Eso es lo que está pasando en Brasil hoy y es una metáfora directa de lo que pasa aquí en Argentina.

No hay en Brasil unos 60 millones de almas dispuestas a votar por la alternativa sionista del sistema porque toda esa gente desconozca la trayectoria de “Lula” da Silva. Toda esa gente vota al delincuente de Bolsonaro porque “Lula” da Silva se integró al sistema, no puede hablar claro y las mayorías ya no lo entienden.

No es para que nadie se enoje, es para reflexionar porque el año que viene aquí va a pasar lo mismo. Tenemos una dirigencia integrada al sistema demoliberal, arrodillada ante el liberalismo. Es una dirigencia que no puede decir la verdad y trata de disimular con un discurso “progresista” que el pueblo no entiende.

Los dirigentes que tenemos son tan solo títeres que el poder usa de vez en cuando para posibilitar el ascenso de los Bolsonaro y los Milei que vienen a reventar con todo. Y lo cierto es que ni los Bolsonaro ni los Milei serían electoralmente viables si los dirigentes representaran al pueblo diciendo la verdad.

Pero para decir la verdad es preciso representar al pueblo con un proyecto popular y ahí está el problema: nuestros dirigentes ya no adhieren a ese proyecto, razón por la que de esto solo se sale con una revolución como la de 1943, solo se sale con la cabeza de los dirigentes.
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Ahora que ha pasado un día y todos ya vomitaron sus discursos partisanos en ambos lados de la grieta llegó el momento de hablar en serio.

Ayer aquí, como único comentario sobre el resultado electoral en Brasil, pusimos un chascarrillo de media docena de palabras expresando nuestro regocijo por el fracaso del evangelismo sionista. Una muy pequeña alegría en la oscuridad de la noche, decíamos.

Eso fue todo. No hubo festejo por el triunfo de “Lula” da Silva ni hubo lamentos por la derrota del hijo de Bolsonaro. Nada, solo la simple observación —con el toque soez de siempre, que es fundamental para la comprensión lectora— de que los evangelistas sionistas la tenían adentro.

¿Cómo vamos a festejar o lamentar un resultado electoral si todas las opciones en pugna son inválidas? Más bien aquí lamentamos que se realicen elecciones en estos términos.

En Brasil, como aquí y en toda América, solo hay boletas electorales de Soros o de Netanyahu, todas las opciones son del progresismo talmúdico o del conservadurismo sionista. ¿Cómo va a ponerse alguien contento o triste si gana Soros o si gana Netanyahu?

Pero claro, ahí está la cuestión: solo pueden ganar Soros o Netanyahu, no hay nada más en las listas. El problema de las elecciones no son los resultados, sino las opciones. Si las opciones son malas el resultado solo puede ser malo.

Cuando todas las opciones se reducen a dos avatares de un mismo proyecto político el resultado es anecdótico y solo lo puede festejar o lamentar el que no entiende la maniobra.

Esto es importante porque dentro de un año aquí va a pasar lo mismo. Va a haber un mileísmo con o sin Milei en representación del sionismo israelí y va a haber un “peronismo” (entre millones de comillas, es el progresismo) en representación de Soros. Y el resultado está cantado.

No puede ganar las elecciones un proyecto que no está en las listas, hay que entender esto. Solo las pueden ganar los que están en las listas y allí solo van a estar los que representan los intereses de quién arma las listas.

El elector no vota al candidato que quiere, sino al candidato que hay. Siempre lo decimos aquí. Y entonces convendría preguntarse por qué los candidatos que hay son los que son.

Las elecciones no se ganan en las urnas, se ganan en el armado de las listas. He ahí la maniobra.

Es tarde para llorar después de las elecciones que no había opciones. Habría que lograr que la opción la haya, pero como la enorme mayoría no está ni cerca de comprender esto ese logro es hoy una quimera.

Y por lo tanto aquí, como en Brasil, va a ganar Soros o va a ganar Netanyahu. Algunos van a festejar o otros van a lamentar, pero es todo al divino botón.
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Según el rastreo en línea por radar, el hijo de Bolsonaro estuvo durante más o menos una hora, entre las 5 y las 6 de la mañana, en el aeropuerto José Joaquín de Olmedo en Guayaquil. Tiempo suficiente para que lo detenga Interpol y lo ponga a disposición de la justicia de Brasil.

Pero Interpol no detuvo al hijo de Bolsonaro porque, al parecer, el juez de la Corte Suprema que había ordenado la confiscación de su pasaporte —el pelado ese que se disfraza de Batman— no activó la alerta roja internacional.

El juez cosplayer de superhéroe sabía que el avión en el que viajaba el hijo de Bolsonaro no tenía autonomía para volar directo a los Estados Unidos, que debería sí o sí hacer una escala en algún lugar de América del Sur antes de cruzar el Mar Caribe, pero no activó la alerta roja.

Si Ud. se fija, de esta obviedad los medios no hablan. Elaboran las hipótesis más delirantes pasando por alto lo evidente y eso es así porque no hay en ello ningún accidente. Aquí hay una situación en la que al lulismo el hijo de Bolsonaro le sale más caro preso en Brasil que refugiado en los Estados Unidos.

Al menos en el corto plazo, por supuesto.

Iba a salir caro tener en cana al tipo que acaba de ser derrotado en las urnas habiendo sacado unos 60 millones de votos. Para las agencias de inteligencia que construyen las narrativas iba a ser muy fácil instalar la imagen de una dictadura en Brasil con ambos Bolsonaro, padre e hijo, presos.

En cambio, ahora el que puede construir una narrativa es el lulismo: la de que el hijo de Bolsonaro es un cobarde que se tomó el palo y dejó abandonados a sus 60 millones de guampudos en el pasto. “Lula” da Silva va a poder estar bien tranquilo varios meses solo con esto y nadie lo va a cuestionar aunque siga subiendo las tasas de interés.

El único inconveniente es que los yanquis probablemente harán del hijo de Bolsonaro un nuevo Guaidó. Si eso pasa, al espectador se le ofrecerá un show de horrores, actuaciones patéticas y hechos lamentables de cipayismo.

Además de mucha violencia. Así fue en Venezuela hasta que los yanquis pudieron triunfar por cansancio.

En fin, el hijo de Bolsonaro ya está en Miami, ya está allí donde todos aparentemente quieren que esté. Todos, incluso los que dicen no quererlo, porque finalmente todo este embrollo es excelente para que nadie se dé cuenta de que no hay proyecto político.
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También es necesario decir lo siguiente: estuvo a punto de ganar las elecciones en el quinto país más extenso y el séptimo más poblado del mundo un sujeto no idóneo para la administración de lo público, un prototipo de imbécil que huye como rata por tirante de una causa penal común y silvestre.

Esto no habla del hijo de Bolsonaro porque el hijo de Bolsonaro es el propio Don Nadie. El hijo de Bolsonaro no es más que un personaje de esa novela infinita que solo les sirve a los medios para llenar tiempo de televisión sin tener que hablar de lo que realmente importa. Esto habla a las claras del sistema electoral de representación que mal llamamos “democracia”.

Dicho sistema, además de no ser democrático porque el pueblo nunca manda, es un mamarracho en el que el poder fáctico puede poner literalmente a cualquier payaso a encabezar una lista de candidatos y puede hacer que esa lista sea la más votada, condenando a millones y a decenas de millones a por lo menos cuatro años de padecimiento.

Y a todas las consecuencias a largo plazo de la destrucción que se da en esos cuatro años aciagos de descontrol e imbecilidad.

Casi hicieron un Milei en Brasil, este es el resumen. Casi pusieron en el sillón del gigante sudamericano a un imbécil similar al que habían puesto en la presidencia de Argentina. Es una quimera esperar que las mayorías entiendan que el problema es el sistema, pero no cuesta seguir intentando que por lo menos una minoría llegue a comprenderlo.

Hay que voltear el sistema demoliberal antes de que sea demasiado tarde. Si seguimos pensando que democracia es votar y no vivir con dignidad el sistema conducirá a la disolución nacional de nuestras jóvenes naciones americanas. América no es Europa, tenemos nuestras peculiaridades, nuestra originalidad y necesitamos un sistema ajustado a lo que somos.

Hay que voltear el sistema. No es una cuestión de apellidos, no se trata de elegir en un menú controlado a quién votamos en la próxima. Se trata de voltear el sistema o morir en el intento porque en el mediano plazo el sistema nos va a liquidar.
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